Alessia y los niños se marcharon. Entonces Matthew abandonó su sitio en la mesa y se acercó a Renata.
—Hablemos en privado.
—Matthew, yo… no tenía idea, esto es…
—Ahora —ordenó el hombre y la tomó del brazo sin muchas delicadezas, estaba furioso. Si no fuera por Alessia, no tendría idea de qué hacer.
—Pueden usar mi estudio —dijo Renaud con una sonrisa y luego habló a sus invitados—. Disculpen la interrupción, asuntos familiares. Todavía falta un plato más.
Matthew dirigió una mirada llena de