Alessia lo observó correr detrás de su hija y, lejos de sentirse mal, su admiración por él aumentó. No podría estar con alguien que minimizaba los sentimientos de sus hijos.
Matthew abrió la puerta sin tocar y encontró a Joanne sentada en el suelo frente a una casa de muñecas.
Su hija era un paisaje triste con las lágrimas silenciosas rodando por su rostros y una trenza mal hecha en su cabello.
El corazón de Matthew se oprimió y, con cautela, tomó asiento a su lado.
—Tu tenías una casa de muñe