—Joanne disfruta mucho de jugar con Lea y Emery —notó Alessia.
—Sí, aunque dice que no quiere tener hijos.
—¿En serio?
—Sí —ríe—. Dice que no cambiará pañales ni nada de eso.
Ale sonrió y bebió un poco más de su café.
Se encontraban en su pequeño balcón que no tenía una vista tan hermosa como el de Matthew, pero vivían en Nueva York y Ale consideraba que cualquier escenario podía ser bonito con la historia adecuada. Ella misma lo estaba experimentando.
Y permanecieron callados contemplando la