—¡Papá! —chilló Lea apenas el hombre atravesó la puerta principal—. ¡Papi! ¡Papi!
Lea corrió a sus brazos. William la abrazó, depositó un sonoro beso en la mejilla de su hija y la saludó con su mejor sonrisa. Luego buscó a Alessia con la mirada y preguntó:
—¿Y tú cómo estás, Ale? ¿Hoy no viene de visita tu nuevo novio?
Lea miró a su mamá.
—No tengo novio, Will. Algunos sabemos estar solos y nos gusta.
El hombre rio por lo bajo y regresó a la pequeña Lea al suelo firme.
—¿Quieres jugar?
—¡Sí, pa