—Mira, Matthew, ella empezó y sinceramente no tengo que soportar los insultos de nadie, así que…
—Ya sé —interrumpió él y cambió la expresión furiosa por su acostumbrada sonrisa amigable—. Hablaré con ella el lunes, posiblemente la cambie de puesto hasta que reflexione lo que hizo.
Alessia se quedó boquiabierta.
—¿Vas a sancionarla?
—Por supuesto que voy a sancionarla, aunque preferiría despedirla, pero supongo que adivinas que no es tan sencillo… —Él dio un largo suspiro como si aquello lo eno