Estoy encerrada con esta mujer, tengo tantas preguntas, pero a la vez tengo tanto odio.
Veo que me mira atentamente. Pienso en todas las cosas que pasé por culpa de esta mujer.
—Anabela —me dice la mujer, volteó a verla—. Eres muy hermosa, te pareces a mí.
—Por desgracia —¿por qué tuvo que decir eso? Solo hace falta que me enoje más y más.
—Sé que estás muy enojada conmigo —continúa hablando y la interrumpo antes de que siga.
—Lo que me sigue de enojada. Tengo ganas de matarla —le gritó enojada