ULRIK
—Voy a secuestrar a Astrid Arenberg.
Apenas decir eso, todas las miradas en el salón se volvieron hacia mí con impresión, y sonreí.
—¡¿Qué?!
Lars fue quien gritó. Él estaba sentado a mi lado y no pudo evitar contemplarme como si fuera una cosa rara.
—Había planeado no decirte nada, pero creo que es mejor que lo sepas.
Frunció el ceño.
—¿Por qué querrías secuestrar a mi madre?
Nos encontrábamos en casa de mis padres, a las afueras de la ciudad, y conversábamos después de la cena familiar.