LARS
Un frío espantoso se regó por mi cuerpo y tuve ganas de vomitar. Me aferré con más fuerza a Ulrik, pero ya no podía coordinar.
—Señor, quizá lo mejor sea llevarlo para que le hagan un chequeo.
La voz de Hakim resonó lejana, y recordé que no estábamos solos dentro. Claro, había tres escoltas que nos cuidaban.
Entreabriendo los ojos vislumbré la auténtica preocupación de Ulrik, pero aunque quise decir algo las palabras no salieron de mi boca. Era como si me hubieran puesto un cerrojo.
Pero…