LARS
Me sentía en las nubes. Eso era fantástico.
Esa mañana me desperté en los brazos del hombre al que amaba, piel con piel porque decidimos acostarnos desnudos después de bañarnos, y sentir la calidez de su ser era cómodo, maravilloso.
De pronto sentí que unos dedos peinaban mis cabellos, y al alzar la cara lo vi, unos ojos grises preciosos que me contemplaban con contentura infantil.
—Buenos días, Bello Durmiente.
Solté una risita y volví a abrazarlo, besando su pecho para luego soltar un su