LARS
Sus besos contra mi cuello en medio del agua tibia me relajaron a sobremanera, y me sentí el hombre más feliz del mundo.
Bajó las manos a mis caderas, y el ligero masaje me hizo rezongar con complacencia.
—¿Te gusta? —susurró el moreno a mi oído y luego besó el lóbulo de la oreja.
—Sí… es relajante. —Cerré los ojos y lo dejé aventurarse de nuevo hasta mi pene, que empezó a acariciar con calma—. ¿Crees que se vuelva a levantar? Pienso que está tan agotado como su dueño.
Ulrik soltó una risi