Flavia narrando
El segundo día en la mansión Hawthorne amaneció nublado en Manhattan. El cielo cargado de gris parecía coincidir con el frío que sentía en la espalda al recordar la noche anterior. Hasta ese momento, todo había ido bien en el trabajo —o casi—. Todavía me preguntaba qué pensaría el señor Hawthorne al recordar mi rebeldía y cómo reaccioné a su regalo. Sonreí al recordar cómo un aburrido vestido azul de seda se había llenado de color. Pero antes de que pudiera meditar más, las gem