Cuando oí eso, sentí como si el aire hubiera salido de mis pulmones. Él continuó, los ojos perdidos en la foto de Miguel sobre la chimenea:
—Le prometí a él, meses atrás, delante de su tumba. Que tú conocerías toda mi verdad. Aunque… Sus manos apretaron las mías. —Aunque esa verdad te asuste.
Afuera, el viento aullaba en los cristales. Dentro, solo escuchaba la sangre latiendo en mis oídos.
—Cuéntame —respondí, sorprendida por la firmeza de mi voz.
Él sonrió, una sonrisa triste que nunca le hab