Beatriz "Bia" narrando
La primera cosa que sentí fue el olor a pescado viejo y la cobija rosa que mamá Flavia compró para nosotras, y que estaba dentro de nuestras mochilas. Era suave, pero aquí estaba áspera y con un olor raro. Abrí los ojos despacito. Todo estaba oscuro, lleno de sombras que parecían bichos feos.
—¿Mel? —llamé bajito. Mi garganta dolía igual que cuando tuve gripe.
Ella estaba a mi lado, acostada como una muñeca rota. Tan quieta. Mi corazón parecía un pajarito atrapado.
—¡Mel!