Rafael narrando
Horas. Horas agotando cada callejón, cada almacén abandonado, cada pista falsa que esa basura de Deividson plantó como migajas envenenadas. Mis princesas estaban con él, y yo había fallado.
Al volver a la mansión, la furia era un animal vivo royendo mis entrañas. Solo las manos frías de Flávia en mi cuello impedían que yo explotara el mundo allí mismo.
—Señor, cubrimos el perímetro sur del río...
—Las cámaras del puente no mostraron...
—El APB federal aún no...
Los informes de m