(Narrado por Bia)
El lago brillaba como un espejo roto, lleno de rayitas doradas del sol. La tía Flavia estaba sentada en la hierba con ese pincel mágico suyo, haciendo un cuadro que parecía de verdad. Mel y yo estábamos dibujando dragones: el mío era rosa y escupía flores, el de ella era azul y tenía ojos de águila (ella dijo que los dragones de verdad no escupen flores, pero yo la ignoré).
Fue entonces cuando apareció el tío Rafa.
Llegó calladito, igual que el gato de la vecina cuando quiere