(Narrado por Rafael)
La terraza de la posada estaba bañada por el brillo dorado de las velas, la brisa nocturna traía el aroma de las flores silvestres que crecían alrededor del lago. Flávia estaba sentada frente a mí, el vestido ligero ondeando, los ojos reflejando las llamas como si fueran dos bellas zafiras.
Las gemelas ya dormían, exhaustas después de un día entero de aventuras —paseos a caballo, chapuzones en el lago y una competencia reñida por quién hacía la mejor cara de monstruo—. Ah