(Narrado por Flávia)
Un mes.
Fue el tiempo que duró mi tregua desde que Deivison fue arrestado en el galpón, esposado y sangrando, mientras gritaba que volvería por mí.
Ahora, en la fría sala del tribunal de Manhattan – sí, Manhattan, con sus calles de concreto que nunca duermen –, sentía de nuevo el peso de su mirada de odio.
El tribunal olía a café recalentado y ansiedad.
— Señorita Flávia, ¿no le parece curioso que estas acusaciones solo surgieran después de su relación con el Sr. Hawthorne?