Un murmullo de sorpresa recorrió la sala. Liam sintió que el aire se volvía más denso a su alrededor, y miró a Miranda, quien se había quedado sin color, sus ojos abiertos como platos.
—Eso es mentira, una completa mentira —exclamó Miranda, poniéndose de pie de un salto. Su abogado trató de calmarla, pero ella lo ignoró—. ¿Cómo se atreven a decir eso? ¡Estoy luchando por la custodia de mi hijo porque lo amo!
El juez golpeó el mazo con fuerza.
—Orden en la sala. Señora Rivers, por favor, control