—Sí, señor —respondió Leo, asintiendo con la cabeza—. Escuché a papá hablar de este lugar, y me escapé para venir aquí porque quería decirles a todos que quiero quedarme con mi papá. No quiero irme con esa señora porque... porque no la conozco, ella nunca está y no juega conmigo. Bianca y papá siempre me cuidan y me hacen sentir feliz.
La voz de Leo era clara y segura, y cada palabra que decía resonaba en el silencio de la sala. Liam sintió una punzada de dolor y orgullo al mismo tiempo. Dolor porque su hijo había tenido que pasar por tanto a una edad tan temprana, y orgullo porque Leo estaba siendo valiente y hablando desde el corazón.
Miranda finalmente recuperó el habla, aunque su voz era tensa y temblorosa.
—Leo, cariño, eso no es verdad. Yo... yo quiero estar contigo, quiero que vivamos juntos. Te prometo que estaré contigo todo el tiempo —dijo, tratando de acercarse a él, pero Leo se apartó, escondiéndose más en el abrazo de Bianca.
—Pero no es lo que yo quiero —respondió Leo, s