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Liam cerró la boca y terminó de teclear unas breves palabras en su computador antes de mirar a su compañera de trabajo.
—Disculpa, olvidé saludarte esta mañana… ¿Cómo has estado? ¿Cómo sigue Oscar?
Jennie sonrió igual que un hámster.
—Está bien, solo fue un poco de drama. Ese tonto tiene mucha gente que se preocupa por él.
Liam asintió y justo cuando volvía a su trabajo fue interrumpido. Jennie se había aclarado la garganta mientras se movía incómoda.
—Yo… ¿hiciste algo malo? Bianca mandó a llamarte y canceló todas sus citas del día —expresó estupefacta. —No lo… No lo entiendo.
El rostro de Liam pareció cobrar vida y su corazón bombeó con fuerza.
—¿E-en serio?
—Uhm… Sí, está esperando. Dijo que era urgente. ¿Sabes dónde está su oficina?
Rápidamente negó, se puso de pie y arregló su corbata. Mierda. Las manos le sudaban y su cuerpo había empezado a temblar.
—Es aquí —le murmuró la joven Durán antes de retirarse.
Frente a él había una puerta no tan grande, pero sí de madera costosa.