El sonido de la máquina dispensadora de suero tenía sus nervios de punta, al igual que el fuerte olor a desinfectante.
—Ya te dije que estoy bien.
La respuesta llegó como un rugido.
—¡¿Cómo podrías estar bien?! ¡Mírate!
Oscar se mordió la lengua y desvió la mirada. Se sentía avergonzado por el escándalo que habían hecho en la empresa y, sobre todo, por la efusiva atención de su esposa, quien actualmente era la única en la habitación de la clínica. Bianca se paseaba como una fiera inquieta mient