Capítulo 46

El sonido de la máquina dispensadora de suero tenía sus nervios de punta, al igual que el fuerte olor a desinfectante.

—Ya te dije que estoy bien.

La respuesta llegó como un rugido.

—¡¿Cómo podrías estar bien?! ¡Mírate!

Oscar se mordió la lengua y desvió la mirada. Se sentía avergonzado por el escándalo que habían hecho en la empresa y, sobre todo, por la efusiva atención de su esposa, quien actualmente era la única en la habitación de la clínica. Bianca se paseaba como una fiera inquieta mientras despeinaba su cabello y esperaba al doctor.

Todos reconocen a Bianca Parker como un alma sensible, juguetona y altruista. Ella no se limitaría a la hora de demostrar cuánto cariño y preocupación sentía por un ser querido.

—Está bien, Bianca, pero por favor detente. —Sus palabras fueron escuchadas por la pared. Sin saber qué más podía hacer, Oscar miró su regazo avergonzado. —Hey… Bianca … —intentó esta vez.—Siéntate a mi lado…

La camilla se hundió a su costado.

—Yo… sé que debí haber avisado
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