—¿Podemos jugar a los dinosaurios?
—¡Por supuesto! Termina tu desayuno y lo haremos inmediatamente. De hecho, revisé el clima para hoy y podría estar un poco soleado. Podríamos ir al parque… si tu padre lo permite.
Inmediatamente las miradas se dirigieron al pelinegro, la de Leo luciendo amenazante.
—C-claro que sí… pero no se queden mucho tiempo si está helado. Les dejé dinero en un lugar secreto que solo Cristal conoce.—Leo bufó.—Para que compren algún postre y…—Liam repasó todo mentalmente.—Oh, ahora iré a entregar los papeles de Leo y consultar por la matrícula.
Dejó un fugaz beso en la coronilla del pequeño. Leo entró en alerta.
—¿Matri— qué?
El pelinegro se apresuró a tomar la carpeta y sus llaves.
—Matrícula, Leo. Es para el colegio. ¡Adiós!
—¿C-colegio?
…
Impresionante era cómo, sin haberlo notado, la pareja encajaba mejor de lo que creía. Después de años en que rehusaron conocerse, habían llegado a un punto en que eran los únicos que podían comprenderse.
—¿Y así fue como te e