—Bianca…
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Cuando la palabra cariño se deslizó por sus labios con tanta facilidad y costumbre, Liam no pudo hacer más que sentir la decepción llenar su cuerpo. Porque aparentemente nunca fue especial, eso que consideraba resumido solo para él y su hijo, no lo era y no le gustó. Lo volvía común y le quitaba importancia.
Sus miradas estaban entrelazadas e irradiaban el dolor que sentían sus corazones. Como si un rayo de algo afilado atravesara sus cuerpos una y otra vez. Sus pechos subían y bajaban con un dolor angustiante y el nudo en sus gargantas no les dejaba respirar.
Bianca sintió su cuerpo volverse piedra, estaba fría e inmóvil. No quería creer lo que veía. Se negaba a procesar una situación tan cruda y complicada. Estaba aterrada incluso de parpadear. Todo eso que evitó y evadió se coló en su vida sin previo aviso.
Liam al mismo tiempo, se debatía entre correr y estrecharla en sus brazos como tanto había deseado cuando se perdía en sus sueños, tomar su rostro y besarla de la