Para Bianca, Leo era alguien que quería cuidar y resguardar, ponerlo en una pequeña burbuja y asegurarse de que nadie la rompiera. Y, mierda, tenía más que claro que era imposible. Entonces se aterraba. Porque ningún niño merecía sufrir en la más mínima forma, y aunque fuera una frase obvia, miles de pequeños sufrían a diario.
—Bianca…
La chica parpadeó un par de veces.
—¿Qué sucede, pequeño? ¿Te sientes mal? ¿Tienes hambre? ¿Quieres hablar de algo?— El niño negó las primeras dos veces, pero en