—Te acompañaré abajo.
Bianca pareció sudar frío.
—¡No! D-digo, ¡no puedes dejar a Leo solo!—de forma rápida tomó su bolso y rodeó el mesón para ponerse de puntitas y dejar un torpe beso en la mejilla del pelinegro.
La puerta se cerró un poco fuerte y Liam sólo supo sonreír de forma satisfecha mientras las ganas de acariciar su mejilla parecían querer acabar con él.
Sin embargó, no lo hizo, prefirió guardar la sensación y no alterarla con sus torpes dedos.
Un chillido ahogado salió de su gargant