Por su parte, Elian estaba completamente desesperado con el embarazo de Sophie. Para ella, los minutos se convertían en días; cada vez se sentía más débil, mientras su vientre crecía de forma antinatural. Los dolores la consumían y la palidez de su piel se hacía cada vez más evidente, casi translúcida.
—Sophie, querida, he hablado con el médico —dijo Elian desde el otro extremo de la habitación—. Dice que es importante que vayamos al hospital. Necesitan hacerte una transfusión de sangre. Hay co