Capítulo 57

Habían pasado un par de días desde la majestuosa conversión de Brenda. Valentín no se había separado de ella ni un solo instante; estaba embelesado con su amada, como si hubieran estado juntos desde hacía siglos y ahora fueran a permanecer así por toda la eternidad.

—Te has convertido en una diosa, preciosa Brenda, una criatura hermosa y seductora.

—Mi amado Valentín, no sabes lo feliz que me siento de ser ahora la mujer con la que compartirás toda la eternidad. Nos queda un mundo por descubrir
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