Unas cuantas horas más tarde, casi al amanecer, habían llegado a Charleston.
—Hemos llegado, Valentín —Elian se quedó viendo fijamente a Valentín mientras dejaba listo el mando del avión.
—Gracias, Elian. Sin tu ayuda no habría sido posible rescatar a Sophie —ella aún yacía dormida en una de las sillas del avión; estaba profunda, pero también tenía mucha fiebre.
—No tienes que agradecerme nada, porque en realidad no lo hice por ti. Lo hice por ella. Ya que ha regresado a Charleston, mi idea de