LAURA
Se acerca a mis labios, y antes de que pueda rozarlos, una chispa de determinación atraviesa mi mente. Levanto mi rodilla con toda la fuerza que puedo reunir y ¡zas!, lo golpeo en la entrepierna.
Un gemido de dolor lo obliga a soltarme, y retrocede tambaleándose.
—Nunca más vuelvas a tocarme —digo, con voz firme y la respiración agitada.
—Llegará el día en que te tome entre mis brazos y te haga el amor de una manera tan intensa que jamás querrás a otro hombre en tu vida.
Sus palabras caen