LAURA
No entendía por qué estábamos huyendo ni la razón exacta por la que no podía usar mi teléfono. Martín me había dado un móvil nuevo con un número distinto y se había quedado con el mío.
Por el momento, estábamos en su nuevo departamento. Era un lugar pequeño, apenas amueblado, lo que me hacía sentir aún más incómoda.
—¿Me vas a decir qué está pasando? —pregunté con los brazos cruzados—. No quiero estar encerrada como una prisionera, ni dejar de ir a la universidad.
Martín suspiró, frotándo