MARTIN
—¡¿Dónde estás, maldito loco?! Si le haces algo a mi hija, juro por Dios que yo mismo te mataré con mis propias manos. ¿Por qué te la llevaste? ¡Habla de una maldita vez!
—Hola, Rodrigo —respondí con calma.
—¡Déjate de estupideces y dime dónde está mi hija! Ponla al teléfono ahora mismo.
—Aquí hay un malentendido…
—¡Ningún malentendido! Ya sé toda la verdad. Bryan me mostró las pruebas. Entraste a su casa, Martín. Tú pusiste el video en su laptop y lo grabaste. ¿Cómo pudiste hacer algo a