RAMIRO
La biblioteca estaba en silencio, el murmullo de las páginas pasando y el aroma del papel antiguo llenaban el aire. Me encontraba sentado frente a una mesa, absorto en un libro, aunque mi mente no estaba realmente allí. Era una tarde tranquila, casi demasiado tranquila, como si el mundo hubiera dejado de girar solo para darme un respiro.
Fue entonces cuando escuché unos pasos suaves, casi inaudibles, pero lo suficiente para que mi atención se viera desviada. Levanté la vista y ahí estaba