LAURA
Antes de que pudiera responder, inclinó el rostro y me dejó un beso suave en los labios. No era un beso de despedida apresurado, sino uno pausado, lleno de intención. Su mano se deslizó por mi mejilla, y cuando se apartó apenas unos centímetros, sus ojos atraparon los míos.
—No quiero despegarme de tu boca —murmuró con una sonrisa pícara—, pero si no me voy ahora, llegaré tarde al trabajo.
Me quedé sin palabras, con el corazón latiendo demasiado rápido. Lo vi levantarse con calma, como si