Martin
Habían pasado siete meses. Todo parecía estar en calma en Ipiales, un pequeño pueblo colombiano casi en la frontera. Me acostumbré a la rutina, al anonimato. Laura y yo habíamos encontrado un refugio temporal, una burbuja de tranquilidad que, aunque frágil, nos permitía respirar. Pero esa sensación de seguridad se desmoronó en un instante.
Acababa de salir de una tienda con una bolsa en la mano cuando lo vi. Era Rodrigo.
Me quedé helado. Mi cuerpo se tensó al instante, un escalofrío reco