Ciudad de México, ático en Polanco — 09:15 p.m., una semana después de París
Caroline Mejía andaba descalza sobre el mármol italiano del ático que le habían regalado tras su renuncia: un penthouse moderno con ventanales del piso al techo, vista a la Ángel de la Independencia iluminada, cocina Gaggenau, encimeras de cuarzo negro y una barra con botellas cuyo brillo se parecía al de su sonrisa. Vestía un camisón de seda rojo, corto, ceñido; su cabello caía en ondas perfectas y el maquillaje, impe