Isabela (Yo)
El sol de la hacienda caía suave, como si quisiera acariciarme la piel. Ese brillo dorado me hacía sentir ligera, viva… y quizás demasiado confiada. Cata me seguía como una sombra nerviosa mientras yo pasaba las manos por la crin del caballo.
—Isa… —su tono ya me tenía cansada—. Por favor, mi amor, bájate de ahí. No estás en condiciones.
Rodé los ojos, terca como siempre.
—Estoy embarazada, Catalina, no inválida. Además, solo quiero despejarme… Adrián se fue sin saberlo y siento es