Primera persona — Adrián Salvatore
El avión privado tocó tierra en una pista clandestina cerca de Maracaibo. Polvo rojo, calor pegajoso, olor a diésel. Máximo bajó primero, ajustándose el chaleco táctico.
—“Bienvenido al infierno tropical”, —murmuró con media sonrisa.
Yo bajé detrás, gafas oscuras, camisa negra arremangada, pistola en la cintura. Dos camionetas blindadas nos esperaban. Ciro, uno de nuestros contactos, se acercó corriendo.
—“Jefes, la información es confirmada. Konstantin está e