Javier nunca había usado anillos, pero el de platino que ahora tenía en el dedo le quedaba perfecto.
Clarissa nunca había pensado que un hombre con anillo en la mano podía verse tan bien. Sus dedos largos y delgados resaltaban aún más con el brillo del anillo. De alguna forma, le transmitía la sensación de que él ya tenía dueña.
Se quedó viéndolo un momento sin darse cuenta y, casi sin pensarlo, acarició su dedo con suavidad.
En ese instante, le cayó el veinte: el hombre frente a ella ahor