Luca entró furioso a su oficina, empujando la puerta con fuerza.
Sin hacer caso a los intentos de su secretaria por detenerlo, salió corriendo del edificio del Grupo Financiero Ferrucho.
Los empleados se miraron, nerviosos.
Todos podían adivinar la razón de su enojo.
Cuando llegó al hotel, Luca llamó de inmediato a Clarissa.
La rabia lo impedía pensar con claridad, y su voz era intimidante.
—¡Clarissa! ¡Baja ahora mismo! Tenemos que hablar ahora mismo
Ella no podía escapar de esto.