Giulia se agarró el vientre y soltó un grito de dolor.
Y tal cual hubiese recibido un golpe, cayó al suelo, y entre sus piernas comenzó a formarse una gran mancha de sangre.
Gota a gota.
La sangre corría por el pavimento.
El rojo intenso se reflejaba en los ojos de Clarissa.
—¡Ayúdenme por el amor de Dios… me duele mucho…! —Giulia lloraba, su voz daba escalofríos.
—Mi… bebé… Mi criaturita…
Se encogió sobre sí misma, temblando, con las manos presionando su vientre con desesperación.