Clarissa contestó la llamada, pero no dijo nada.
Escuchó la voz de Giovanni, más seria de lo normal, pero igual de agradable.
—Baja de una vez, estoy afuera, frente a la Clínica Misericordia.
—Hoy me quedo, mejor vete a tu casa —dijo Clarissa, con tono serio, mientras se acercaba a la ventana y veía el carro parado.
Giovanni no contestó enseguida. Solo se oía su respiración. Después de un rato, dijo:
—Si no bajas, voy a subir a saludar a tu mamá. Y que sea hoy.
Eso sonaba más a una amenaza que