—Clarissa. —dijo Luca, con los ojos hinchados y la voz débil..
—¿Así de fácil dejaste de desearme? ¿Y yo qué? ¿Qué se supone que soy, el que se quedó esperando?
—¿Tantos años juntos y así, de un putazo, lo tiras todo?
Quería seguir hablando, con esa mezcla de rabia y tristeza que se le atoraba en el pecho, pero Clarissa lo frenó sin dudar:
—Y si no lo dejo, ¿qué? ¿Me aferro toda la vida a recuerdos inútiles de mi época de joven?
—Luca, tú lo sabes. Te robaste toda mi juventud.
—Sí, nos quisimos.