El cuestionamiento de Clarissa fue directo y sin piedad, como si buscara arrancar la última capa de dignidad que le quedaba a Luca.
—No me hagas reír. Eso nunca fue amor, solo una excusa para justificar tus ganas de andar con una y otra.
—Con o sin Sofía, igual habrías hecho lo mismo.
Con eso, lo dejó en el piso. Lo redujo a nada.
Por un segundo, Luca hasta olvidó que él había ido a buscar a Clarissa para reclamarle cosas. ¿Por qué entonces era él el que estaba sudando, con el corazón a mil por