KOSTAS
El hedor a sal marina se mezcla con el de la muerte. La puerta del depósito se abre, y el silencio me recibe. Es un silencio anormal, un vacío en un lugar que debería estar lleno de ruido. Los cuerpos están esparcidos por el suelo. Los guardias, los trabajadores. Todos están muertos. La sangre es una mancha negra en el cemento.
Me acerco, y el escenario es una masacre. Los guardias tienen una bala en la cabeza, los trabajadores una en la frente. No hay un solo error, no hay un solo rastr