KOSTAS
La oscuridad de la habitación se siente como un manto pesado, pero aquí, a su lado, hay una extraña quietud que no conocía. El silencio es un regalo que rara vez me concedo. La miro. Melissa duerme, su respiración es un susurro suave que apenas se oye. La luz de la luna que se filtra por la ventana ilumina su rostro, y me doy cuenta de lo hermosa que es.
Una hebra de su cabello, tan negra como la noche, se ha deslizado sobre su mejilla. Su rostro, en la penumbra, se ve tan puro que me du