MELISA
Siento mi cabeza explotar, con una punzada constante que me hace ver estrellas. Todo da vueltas, como si el suelo se moviera bajo mis pies. Lo que sea que ese asqueroso viejo me dio, aún corre por mis venas, debilitándome, desorientándome. Apenas puedo sostenerme de la pared ya que mis piernas flaquean y mi vista se nubla.
Y lo peor, es Kostas. Su presencia llena la habitación, y el pánico se apodera de mí. Mis latidos se aceleran, como un tambor en mis oídos que me grita «peligro» Las l