KOSTAS.
Me quedo clavado. Las diez pruebas reposan frente a mí, y cada una me devuelve la misma verdad irrefutable: positivo.
— ¡Un Barone en camino! ¡Un heredero de la Mafia! —Grito, sintiendo que el orgullo me infla el pecho.
Bajo a Melisa lentamente, mirándola con una devoción total. Esto lo cambia todo.
— Tienes razón, mi amor —le digo con la voz grave, tomando el control—. Nos casamos en un mes, como dijimos. Pero ahora, la seguridad es absoluta.
Saco mi teléfono, y mi tono se vuelve helad