MELISA
El silencio se apodera del despacho. Kostas me mira, la furia y la necesidad chocando en sus ojos. Sabe que estoy en lo cierto, y eso lo frustra profundamente.
—¡No lo acepto! —gruñe Kostas. Se da media vuelta y sale del despacho con pasos pesados, apenas abro la boca para detenerlo la puerta cierra con un golpe sordo a sus espaldas.
Me quedo quieta, sintiendo una mezcla de triunfo y temor. El drama fue intenso, pero perdí la batalla final, aunque gané un consejero.
Nick rompe el silenci