Marina mirò a Demetrius, sus palabras la conmovieron, incluso si quiso hacerse aun la enojada.
—Es mejor no hablar ahora, Demetrius.
Marina se giró al otro lado, pero Demetrius se metió en su lado de la cama, se abrazò a su cuerpo.
—Te amo, Marina, perdóname si a veces soy un poco tonto, no quiero perderte, tú eres mi único amor, ninguna mujer me importa, ni me ha importado en esta vida, solo tú, eres con la que quiero pasar el resto de mi vida, con la que quiero envejecer.
Ella se giró a mi