—Entonces, mujer, ¿quieres que te libere o no? —exclamó Demian con una mirada fría y severa, su voz ronca la hizo estremecer.
Los ojos de Liliana se abrieron enormes, limpió sus lágrimas al mirar su frialdad, no había un atisbo del amor y ternura que antes Demian le proporcionó.
—Está bien, solo quiero irme de aquí.
—Te advierto que, si te libero, no podrás irte nunca más de mi lado.
Ella tragó saliva, asintió.
—Está bien, lo aceptó.
—¿Puedo yo confiar en ti, luego de que me abandonaste? —